Repollo al hornoFoto IA

Repollo al horno

Repollo al horno, un acompañamiento sencillo con aceite de oliva y queso parmesano.

Raciones: 4 Preparación 10 min Cocción 25 min Guarniciones
VegetarianoContiene: leche
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Ingredientes

Repollo al horno — ingredientes: Col rizada (tipo savoy), Aceite de oliva, Sal, Parmesano

Pasos

  1. Retiramos las hojas exteriores duras del repollo, lo cortamos en tiras de aproximadamente medio centímetro de ancho, quitando el tronco duro.

  2. Escaldamos el repollo 4-5 minutos, luego lo escurrimos en un colador y lo secamos con un paño.

    5 min
  3. Colocamos el repollo en una fuente para horno, lo rociamos con aceite de oliva y añadimos una pizca de sal.

  4. Precalentamos el horno a 180 grados, si es posible con ventilador.

  5. Horneamos el repollo unos 20 minutos, removiendo el contenido de la fuente aproximadamente a la mitad del tiempo de cocción.

    20 min
  6. Espolvoreamos con parmesano y servimos.

Col rizada al horno, con parmesano. Suena a guarnición de régimen, pero el mecanismo es simple y agradece: escaldar primero para que la hoja pierda esa dureza fibrosa, y luego horno seco para que se dore un poco por los bordes. El plato depende de dos cosas: que la col no llegue encharcada al horno, y que no te pases con el horneado hasta convertirla en puré verde.

La col savoy (la rizada, de hoja gofrada) tiene nervios gruesos que cocidos solo con calor seco tardarían una eternidad y se quedarían correosos por fuera antes de rendirse por dentro. Por eso el escaldado: agua hirviendo breve, justo para que el nervio se ablande sin deshacerse. La señal, no el cronómetro: dobla una tira entre los dedos, si cede sin romperse y sin estar blanda del todo, ya está. Los cuatro o cinco minutos son el mínimo, no la meta.

Hay quien se salta el escaldado pensando que así ahorra tiempo. Pues no, porque entonces el horno tiene que hacer el trabajo del agua y del aire a la vez: seca la superficie antes de que el interior se cueza, y acabas con col correosa por dentro y quemada por fuera. El escaldado reparte el trabajo: el agua ablanda, el horno dora.

El secado después del escaldado es el paso que la gente se come con prisas, y es el que de verdad decide el resultado. Si la col llega mojada a la fuente, el horno pasa los primeros minutos evaporando agua en vez de tostando hoja, y el aceite no se agarra a nada: se queda flotando en el fondo. Por eso el paño, o unos minutos en el colador apretando un poco. No hace falta que quede seca como para encender fuego con ella, solo sin goteo.

El horno a 180 con ventilador, si tu placa lo tiene, mueve el aire caliente y evita que la bandeja se cueza más por un lado que por otro; sin ventilador no pasa nada, solo vigila el removido de la mitad del tiempo con más atención, porque las esquinas de la fuente se dorarán antes que el centro. La señal de que está en su punto no es el reloj: los bordes de las hojas empiezan a oscurecer y encogerse un poco, como una lechuga que lleva demasiado en la ensaladera, y el resto sigue tierno. Los veinte minutos son el suelo, no el techo; si tu horno calienta flojo, puede pedir unos minutos más.

El aceite de oliva aquí no es solo grasa para que no se pegue: en una placa doméstica, sin el chorro de calor directo de una sartén, es lo que ayuda a que la superficie de la hoja se tueste en vez de solo secarse. Como en España el aceite de oliva ya está en todo, no hay sustitución que discutir: el de siempre te sirve.

El parmesano se pone al final, nunca antes de hornear, porque a 180 grados un queso curado se quema y amarga antes de fundirse bien; aquí solo tiene que derretirse un poco con el calor residual de la col recién salida. Si no tienes parmesano, cualquier queso curado de rallar que no sea demasiado graso cumple: un grana padano, un queso viejo manchego rallado fino, incluso un buen curado de oveja. La sal se pone con mano ligera antes del horno porque el queso ya aporta la suya al final; si te plantas con la pizca inicial, no hay drama que corregir después.

Esto es un plato de piso corriente, no de restaurante: no busca textura perfecta ni dorado uniforme, busca que la col deje de ser esa verdura que nadie pide dos veces. Para cuatro personas como guarnición del mediodía, con 500 gramos vas sobrado; si es el plato principal de alguien que no come carne ese día, acompáñalo con algo de cereal o legumbre, porque la col sola, aunque esté bien hecha, no llena un mediodía español. Y ten paciencia con el escaldado: ese minuto de más que crees perder ahí es el que te ahorras luego peleando con el horno.

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