Foto IATubérculos en leche de coco
Guarnición de tubérculos especiados cocinados en leche de coco, con espinacas, anacardos y crema.
Las etiquetas se calculan automáticamente a partir de los ingredientes y pueden no ser exactas. Si te importa, consulta el envase.
Ingredientes
- 1 cdta Cardamomo
- 2 cdta Comino
- 2 cdta Cilantro molido
- 400 g Patata en cubos
- 500 g Zanahoria en cubos
- 400 g Boniato en cubos
- 2 uds Cebolla morada picada fina
- 1 uds Chile rojo picado fino
- 3 diente Ajo picado fino
- 1 cda Jengibre rallado, fresco
- 800 ml Leche de coco
- 1 cda Aceite de oliva para freír
- Sal
- Pimienta negra fresca
- 100 g Espinaca picada gruesa
- 30 g Anacardo para espolvorear
- 100 ml Crème fraîche 18%
Pasos
Tuesta el cardamomo, el comino, el cilantro molido y un poco de pimienta en una cazuela seca hasta que suelten un aroma agradable y especiado.
2 minBaja el fuego y añade la patata, la zanahoria, el boniato, la cebolla morada, el chile, el ajo, el jengibre y el aceite de oliva.
4 minMezcla y cocina unos minutos más.
Añade la leche de coco, mezcla y tapa la cazuela.
1 minCuece los tubérculos a fuego lento durante 20 minutos, hasta que estén tiernos.
20 minSazona con sal y pimienta negra al gusto.
1 minSirve con la espinaca por encima, los anacardos picados, una cucharada de crème fraîche y, si quieres, pan.
Qué se cambió
Se sustituyó el aceite de sésamo por aceite de oliva Aceite de oliva, el más usado en España.
Esto es básicamente un curry de tubérculos sin que nadie se enfade por llamarlo curry. Tres raíces distintas —patata, zanahoria, boniato— cocidas juntas en leche de coco hasta que ceden, con un fondo de especias tostadas que hace todo el trabajo de sabor antes de que entre nada de líquido. Es plato de mediodía, de los que llenan y no piden nada más que un trozo de pan si acaso.
Que salga bien depende de dos cosas: que las especias se tuesten en seco hasta soltar aroma, no color ni humo, y que los tubérculos se corten en cubos parecidos para que lleguen juntos al punto blando. Si tuestas de más, el cardamomo amarga; si cortas la patata más pequeña que la zanahoria, la patata se deshace en puré mientras la zanahoria sigue dura, y entonces ya no es un guiso, es una sopa rara con tropezones de madera.
El punto final se nota con el tenedor, no con el reloj: la zanahoria, que es la más dura de las tres, tiene que ceder sin deshacerse al pincharla. Si todavía resiste como un palillo, le faltan minutos; si se abre sola al tocarla, ya pasó de su momento y el boniato probablemente ya es papilla.
El tueste en seco del principio es el truco de cualquier curry que valga la pena: el cardamomo, el comino y el cilantro molido tienen aceites esenciales que dormidos no dicen nada, y despiertan con calor directo sobre metal. La señal es el olfato, no el cronómetro: en cuanto el aroma pasa de "especia cruda" a "especia caliente y redonda", retiras o bajas el fuego, porque un segundo de más y el cardamomo deja un amargor de cartón quemado que ya no se va. En una placa doméstica esto va rápido, más rápido que en fuego de gas industrial, así que no te alejes de la cazuela estos minutos.
De los tubérculos, la zanahoria manda el ritmo: es la más densa de las tres y por eso corta el tiempo de cocción entero. Patata y boniato, cortados al mismo tamaño que ella, llegan tiernos antes o a la vez; si los dejas más grandes, se quedan crudos por dentro aunque la zanahoria ya esté lista. Hay quien piensa que todo tubérculo se cuece igual de rápido porque "son todos raíces". Pues no, porque el boniato tiene mucha más agua y azúcar que la patata, y se ablanda antes; por eso el corte parejo es lo que de verdad nivela el juego, no la vigilancia constante.
La cebolla morada, el chile, el ajo y el jengibre se saltean juntos un par de minutos antes de que entre el líquido: esto no es relleno, es la base que perfuma el coco, porque la leche de coco por sí sola es dulce y plana. Si no tienes cebolla morada, cualquier cebolla sirve, aunque la morada aporta un punto más dulce y menos picante al crudo. El chile se gradúa al gusto de quien cocina: si quieres menos fuego, quita las semillas; si no tienes fresco, media cucharadita de guindilla seca hace el mismo trabajo, aunque pierde el verde fresco del picado.
La leche de coco hace de caldo y de salsa a la vez: cuando tapas la cazuela y bajas a fuego lento, lo que ocurre es que el líquido apenas burbujea, lo justo para transferir calor sin que se separe la grasa del coco del resto. Si la leche de coco rompe a hervir fuerte, se puede cortar y quedan grumos de grasa flotando; por eso el fuego bajo no es capricho, es lo que mantiene la emulsión unida.
La espinaca va cruda por encima al final, picada gruesa, porque el calor residual del plato ya servido basta para ablandarla sin que suelte toda su agua dentro de la cazuela y aguade la salsa. Los anacardos aportan el crujiente que todo el plato, por blando, necesita; si no tienes, cualquier fruto seco tostado cumple la misma función de contraste. La crème fraîche enfría y da cuerpo graso sobre el picante, y si no la tienes, un yogur griego espeso hace casi lo mismo, aunque con menos untuosidad.
Para cuatro raciones de mediodía, con pan si hay hambre de más. Y ten paciencia con los veinte minutos finales: no se apresuran removiendo cada minuto, se dejan hacer tapados, que es como los tubérculos realmente se ablandan por dentro sin deshacerse por fuera.