Margarita de cítricos y hierba limónFoto IA

Margarita de cítricos y hierba limón

Un cóctel margarita con un toque cítrico, perfumado con hierba limón y jengibre.

Raciones: 1 Preparación 5 min Cocción 5 min Otros
Vegano
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Ingredientes

  • 1 uds Hierba limón tallo, finamente rallado
  • 20 g Jengibre finamente rallado
  • 15 g Jarabe de glucosa
  • 75 g Azúcar
  • 2 uds Lima ecológica, para el zumo
  • 75 g Agua
  • 4 cda Jarabe de hierba limón y jengibre
  • 60 ml Tequila
  • 1 uds Lima ecológica, zumo de media lima, el resto en gajos
  • uds Cubitos de hielo

Pasos

  1. Pon en una cacerola la hierba limón finamente rallada, el jengibre, el jarabe de glucosa, el azúcar y el agua, lleva a ebullición y cocina hasta que el azúcar se disuelva por completo.

    4 min
  2. Deja enfriar en la cacerola, añade el zumo de lima y pasa el jarabe por un colador fino.

    15 min
  3. Pon el jarabe de hierba limón, el tequila, el zumo de lima y el hielo en una coctelera y agita bien.

  4. Sirve en un vaso lleno de hielo, con un gajo de lima.

    1 min

Esto no es más que una margarita de toda la vida con un acento distinto: en vez de triple seco, un jarabe propio de hierba limón y jengibre que tú mismo cocinas en cinco minutos. La gracia del cóctel está en ese jarabe, porque es lo único que no puedes comprar hecho, y de él sale todo el carácter de la copa.

Que salga bien depende de dos cosas, ni más. Primero, que el jarabe quede bien perfumado y no quemado: la hierba limón y el jengibre sueltan su aroma al hervir con el azúcar, y si te pasas de fuego se vuelve amargo. Segundo, el equilibrio final entre ácido, dulce y alcohol: la lima aporta el filo, el tequila el cuerpo, y el jarabe cose los dos extremos. Si cualquiera de los tres manda demasiado, lo demás desaparece.

Es una receta de un solo trago, pensada para una persona, pero el jarabe rinde para varias rondas si te animas a repetir; guárdalo en la nevera y la próxima margarita te sale en treinta segundos, sin fogones.

La hierba limón se ralla fina porque es fibrosa como una caña, y si la dejas en trozos grandes el jarabe sabe a hierba cruda en vez de a cítrico. Si no la encuentras —en España no siempre está en el súper del barrio—, la piel de un limón bien rallada, solo la parte verde, hace un trabajo parecido, aunque sin esa nota herbal tan propia del sudeste asiático.

El jengibre va igual de rallado y fresco, nunca en polvo: el polvo se disuelve pero no pica, y aquí el picor es parte del plan, el contrapunto al dulce del azúcar. Pela solo la piel que esté dura, el resto se ralla entero sin miedo.

El jarabe de glucosa cumple una función técnica, no de sabor: evita que el azúcar cristalice al enfriarse, así que el jarabe queda limpio y fluido en vez de arenoso. Si no lo tienes en casa, puedes prescindir de él y usar solo azúcar, el jarabe quedará bien igual, algo menos untuoso pero sin perder función.

Hierve el agua con la hierba limón, el jengibre, el azúcar y el jarabe de glucosa hasta que no quede ni un grano de azúcar al fondo: eso se ve, no se cuenta, pasando una cuchara por el fondo de la cacerola. Deja que se enfríe en la misma cacerola para que las hierbas sigan soltando aroma mientras pierde calor, y solo entonces añade el zumo de lima: en caliente, el ácido se evapora antes de hacer su trabajo. Cuela bien apretando con el dorso de la cuchara para sacarle todo el líquido a la pulpa rallada.

Para el cóctel en sí, usa lima ecológica si vas a aprovechar la piel en algún momento, aunque aquí solo entra el zumo; si no la encuentras, cualquier lima sirve, el tratamiento de cera no cambia el sabor del interior. El tequila mejor blanco o reposado, nunca uno muy añejado: aquí buscamos frescura cítrica, no notas de madera que compitan con el jengibre.

Agita bien la coctelera con hielo abundante, no por estética sino porque el frío intenso y la dilución breve son los que integran el jarabe espeso con el tequila y la lima; sin ese golpe de frío el trago queda empalagoso por un lado y punzante por otro, sin fundirse. Sirve en un vaso lleno de hielo nuevo, no el de agitar, porque ese ya viene aguado y diluye de más el trago que acabas de equilibrar con tanto cuidado.

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