Foto IAMilhojas de ricotta con pepitas de chocolate
Postre de hojaldre con crema de ricotta, leche condensada y nata, terminado con pepitas de chocolate.
Las etiquetas se calculan automáticamente a partir de los ingredientes y pueden no ser exactas. Si te importa, consulta el envase.
Ingredientes
- 1 uds Masa de hojaldre sin levadura 250 g
- 250 g Ricotta
- 80 g Leche condensada
- 250 g Nata para montar para postres
- 30 g Azúcar
- 20 g Pepitas de chocolate
- Azúcar glas al gusto
Pasos
Extender la masa de hojaldre sobre la base plana de un molde para hornear y pinchar toda la superficie con un tenedor.
Hornear en el horno precalentado a 190°C con convección hasta que esté dorado.
17 minDejar enfriar la masa.
Mezclar la ricotta con la leche condensada hasta obtener una masa lisa y homogénea.
Añadir el azúcar a la nata para montar y batir hasta obtener una espuma densa y firme.
Unir la nata montada con la crema de ricotta y leche condensada, mezclando con cuidado con una espátula.
Añadir las pepitas de chocolate.
Cortar con cuidado la masa de hojaldre ya fría en tres tiras iguales.
Montar el milhojas, alternando capas de masa con la crema preparada.
Cubrir con la tercera capa de masa y poner en el congelador para que cuaje.
Decorar el milhojas con azúcar glas y pepitas de chocolate.
Esto es un milhojas que no se hornea capa a capa como el clásico: se hornea una sola plancha de hojaldre, se corta en tres, y entre esas tres tiras se mete una crema de ricotta con nata montada y pepitas de chocolate. El congelador hace el trabajo que en el milhojas tradicional hace el reposo en la nevera: cuajar la crema para que al cortar salgan rebanadas limpias y no un charco.
Que salga bien depende de dos cosas, y las dos son de manual de pastelera, no de talento: que el hojaldre quede seco y quebradizo de verdad, y que la nata esté montada a punto firme antes de mezclarla con la ricotta. Si el hojaldre se queda blando o la nata se queda floja, el postre no se sostiene, se desmorona en el plato.
Hay quien cree que el hojaldre sin levadura es "hojaldre a medias", de segunda. No es así: es hojaldre de mantequilla y harina laminada, sin el empuje extra de la levadura, por eso sube con capas finas y crujientes en vez de esponjarse. Para este postre es justo lo que conviene, porque buscamos una base que corte limpia, no una miga aireada.
La paciencia aquí no es un adorno retórico: es literal, porque el frío necesita su tiempo para cuajar la crema, y si se corta antes, se derrama.
La masa de hojaldre, si no la compras hecha —que es lo normal y nadie se avergüenza de eso—, debe ser la de mantequilla, no la que lleva aceite vegetal barato: la mantequilla es la que separa las láminas al fundirse en el horno y deja ese crujido. Pincharla con el tenedor antes de hornear no es un gesto decorativo, es para que el vapor que se forma dentro tenga por dónde salir; si no, la masa se infla en bultos irregulares en vez de subir pareja. El punto de horno no es un minutero: es el color. Dorado uniforme, no solo en los bordes, porque si sacas la masa pálida se queda gomosa por dentro y el milhojas pierde su razón de ser, que es el contraste de texturas.
La ricotta es la base de la crema, y aquí conviene elegirla escurrida, sin exceso de suero, porque si está aguada la crema final no cuaja aunque metas la bandeja un año en el congelador. Si no encuentras ricotta, un queso fresco cremoso tipo mascarpone suave o un requesón bien escurrido cumplen el mismo papel: dar cuerpo sin aportar sabor fuerte que tape el resto.
La leche condensada hace dos trabajos a la vez: endulza y da espesor por el azúcar y la proteína de la leche que lleva concentrada. No es sustituible por azúcar normal sin perder esa textura, porque el azúcar suelto no liga igual.
La nata para montar necesita estar bien fría, idealmente la nata y el bol, porque el batido monta por el aire que atrapa la grasa al enfriarse y endurecerse; si está templada, bate y bate y se queda líquida, o se corta directamente a mantequilla si te pasas de tiempo batiendo. El punto es visual: cuando el batidor deja marcas que no se cierran y la nata se sostiene en picos firmes sobre sí misma, ya está. Mezclarla después con la ricotta "con cuidado con espátula" no es finura inútil: si bates fuerte, rompes el aire que has metido y la crema pierde volumen, se vuelve pesada.
Las pepitas de chocolate, si no tienes, se sustituyen por chocolate normal picado a cuchillo en trozos pequeños; lo que importa es que sean trozos que no se derritan al mezclarse con la crema fría, por eso no sirve chocolate rallado muy fino, que se disolvería y mancharía la crema en vez de dar esos bocaditos.
Sobre la plancha de piso: un horno doméstico con función de aire (convección) alcanza bien los 190°C que pide el hojaldre, pero sin ventilador el calor es más desigual y puede convenir vigilar unos minutos de más por si el dorado llega tarde o en manchas. Y una nota de la cocina de aquí: el aceite de oliva es rey en casi todo, pero en el hojaldre no pinta nada, ese es terreno de mantequilla sin discusión; el aceite se queda para el plato fuerte de mediodía, este dulce es para después o para la sobremesa larga de un domingo.
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