Foto IAPasta con nata y jamón
Una pasta cremosa y rápida con jamón, lista en quince minutos.
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Ingredientes

- 320 g Pasta penne
- 1 diente Ajo
- 50 g Mantequilla
- 250 g Jamón
- 200 ml Nata
- Parmesano
- Sal
- Pimienta negra
Pasos
Ponga a hervir agua para la pasta, salándola a su gusto.
Derrita la mantequilla en una sartén grande y añada un diente de ajo cortado por la mitad y sin el germen.
Cuando el ajo esté bien dorado, añada el jamón cortado en dados y sofría a fuego suave unos dos minutos.
2 minAñada la nata, mezcle bien y cocine tres minutos más, sazonando con sal y pimienta negra.
3 minCueza la pasta al dente, escúrrala y pásela a la sartén con la salsa.
Mezcle la pasta con la salsa durante un minuto para que se impregne bien.
1 minReparta la pasta en los platos, cubriéndola generosamente con parmesano y pimienta negra adicional.
Sirva la pasta con nata y jamón de inmediato, bien caliente.
Esta pasta con nata y jamón es, en el fondo, una salsa de dos tiempos: primero se perfuma la grasa, luego se liga con la nata. Todo lo demás es relleno. Si entiendes eso, te sobra la receta escrita.
El ajo se dora en mantequilla a fuego bajo, el justo para que la mantequilla no pase de espuma blanca a manchas oscuras: eso es lo que evita el amargor, no el reloj. El ajo entero y partido, sin el germen, suelta su aroma a la grasa sin quemarse él mismo, porque un trozo grande tarda más en secarse que uno picado. Cuando está dorado —no moreno, dorado— se retira o se deja, según el gusto, y entra el jamón.
El jamón se sofríe poco, solo para que suelte algo de su sal y su grasa a la sartén; si lo dejas más, se encoge y se pone correoso, que es el defecto típico de este plato. Luego la nata, que no hay que hervir a borbotones: solo reducir lo justo para que espese y se pegue a la pasta, no para que se corte. Y la pasta, cocida con margen, se termina en esa salsa un minuto, removiendo, porque la pasta que solo se baña por encima sabe a dos cosas separadas en el plato en vez de a una sola.
Hay quien dice que esta pasta necesita vino blanco o cebolla para "redondear". Pues no hace falta: el jamón ya aporta sal y un fondo salado que haría de la cebolla un adorno innecesario, y el vino aquí solo diluiría la nata sin ganar nada a cambio, porque no hay tiempo de reducción real para que se note su acidez.
La pasta: penne porque su hueco atrapa la salsa por dentro y por fuera, pero cualquier formato con cuerpo —macarrones, fusilli, incluso espaguetis gruesos— sirve igual. El criterio es que tenga superficie o relieve donde la nata se agarre; una pasta muy lisa y fina se queda resbalando la salsa por el plato.
El jamón de este plato no es el jamón ibérico de cortar fino sobre pan: ahí sobraría, porque el calor le quita matiz y lo deja como un jamón cualquiera. Mejor uno más sencillo, cortado en taquitos, cocido o curado de supermercado corriente, que aguanta el sofrito sin perder nada que valga la pena perder. Si no hay jamón, bacon en dados hace el mismo papel, aunque cambia el carácter: más humo, menos dulzor.
La nata para cocinar, con algo de grasa (mínimo un 18-20%), es la que liga sin cortarse con el calor de la sartén; una nata muy ligera se queda aguada y no abraza la pasta. El parmesano se añade al final, en el plato, nunca en la sartén con la nata hirviendo, porque el calor directo lo vuelve hebra en vez de fundido con gracia; si no hay parmesano, cualquier queso curado que raye fino sirve, aunque pierda ese punto salado y seco que el parmesano aporta solo.
En una cocina de piso normal, con una vitrocerámica o un gas doméstico, el "fuego suave" para el ajo y el jamón es el que deja burbujear la mantequilla sin saltar aceite fuera; si tu fuego mínimo todavía agita la sartén, retírala un momento del fuego y vuelve a ponerla, que es el truco de toda la vida para quien no tiene un fuego de verdad bajo.
Aquí la paciencia es poca, porque el plato entero no llega a quince minutos, pero es la paciencia de los dos minutos del jamón y los tres de la nata, que si se adelantan dejan la salsa cruda y si se alargan la dejan reseca. Para cuatro raciones, como plato principal de mediodía, con un poco de pan si acaso, y sin más aceite de oliva en la sartén: aquí la grasa la pone la mantequilla, y el aceite de oliva, que tan bien va a casi todo en esta casa, aquí solo competiría con ella sin aportar nada.