Strudel de castañasFoto IA

Strudel de castañas

Un strudel relleno de castañas cocidas con almendra, ron y cacao, ideal para hornear en casa.

Raciones: 6 Cocción 35 min Repostería
VegetarianoContiene: gluten, leche, frutos secos, huevos
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Ingredientes

Strudel de castañas — ingredientes: Mantequilla, Castañas cocidas, Harina, Azúcar, Huevos, Yema de huevo

Pasos

  1. Formamos un volcán con la harina y la pizca de sal, haciendo un hueco en el centro para el azúcar, el huevo, la yema y la mantequilla fría.

  2. Amasamos rápidamente todos los ingredientes de la masa hasta formar una bola lisa y homogénea.

  3. Envolvemos la masa en film transparente y la dejamos reposar en el frigorífico.

  4. Pelamos las castañas cocidas quitando la piel y la película, y las cortamos en trozos medianos.

  5. Añadimos a las castañas la almendra laminada, el ron y el cacao en polvo, y mezclamos bien.

  6. Estiramos la masa sobre una superficie enharinada hasta un grosor de unos 5 mm.

  7. Formamos con la masa un rectángulo alargado y colocamos el relleno en el centro.

  8. Enrollamos el strudel empezando por el lado más largo, hasta que quede completamente cerrado.

  9. Colocamos el strudel en una bandeja con papel de horno y lo pincelamos con huevo batido.

  10. Horneamos en el horno precalentado a 200 grados (calor arriba y abajo) durante unos 35 minutos, o a 180 grados con aire.

    35 min
  11. Dejamos enfriar el strudel y luego lo espolvoreamos con azúcar glas.

Esto no es el strudel de manzana que todos conocemos, el de capas de hojaldre que se rompen al cortarlo. Aquí la masa es otra cosa: una masa quebrada, casi de galleta, que se amasa rápido y se deja descansar en frío. El relleno es castaña, no fruta, y eso cambia todo el carácter del dulce: menos jugoso, más terroso, con el cacao y el ron dándole un fondo oscuro que recuerda más a un postre de invierno que a una merienda ligera.

De que salga bien depende, sobre todo, la temperatura de la mantequilla. Tiene que estar fría cuando la metes en el volcán de harina, porque si se ablanda antes de hora la masa se vuelve elástica y encoge al hornear en vez de quedarse plana y quebradiza. Amasar rápido no es un capricho: cada minuto de más calienta la masa con el calor de las manos y deshace el propósito de haber usado mantequilla fría.

El otro punto crítico es el relleno: las castañas tienen que estar bien peladas, sin esa película fina que queda pegada bajo la cáscara, porque amarga y da una textura fibrosa que no pega con lo demás. Y el rollo hay que cerrarlo bien, porque un strudel que se abre por una costura deja salir el relleno y se queda seco por dentro mientras se dora por fuera.

La harina es la de siempre, sin necesidad de fuerza ni de nada especial: aquí no se busca elasticidad, al contrario, se busca lo justo de gluten para que la masa aguante el rollo sin desmigarse. La mantequilla fría es la que da la textura quebrada; si solo tienes mantequilla a temperatura ambiente, métela quince minutos en el congelador antes de empezar, no hay vuelta de hoja con esto, el aceite de oliva aquí no sirve, porque lo que se busca es justo la miga corta que solo da la grasa sólida fría.

El huevo y la yema aportan estructura y algo de color a la masa; si usas huevos pequeños, no pasa nada, la masa es tolerante, pero si te falta un poco de líquido para que ligue, un par de gotas de agua fría hacen el mismo trabajo sin estropear nada.

Las castañas cocidas son la base del relleno, y aquí conviene saber que las castañas asadas valen igual o mejor, porque el tostado les da un fondo más profundo que combina bien con el cacao. Lo que no funciona es la castaña en almíbar o en dulce, porque el azúcar añadido descompensa el relleno y lo vuelve empalagoso.

La almendra laminada da la textura crujiente que rompe la pasta blanda de la castaña; si no tienes laminada, unas almendras picadas gruesas con cuchillo cumplen la misma función, aunque pierdas algo de esa superficie tostada tan característica.

El ron es tradición de pastelería centroeuropea, donde el strudel nació como forma de aprovechar masas sobrantes de panadería con lo que hubiera a mano: fruta, frutos secos, castaña en temporada de otoño. No hay magia en el licor, solo aroma; si no lo tienes, un coñac o incluso un poco de zumo de naranja con la ralladura hacen un papel parecido, cambiando el carácter pero no la lógica del relleno.

Sobre el horno: aquí no hay color dorado que valga como única señal, porque el cacao del relleno ya oscurece la masa por fuera antes de que esté hecha del todo. Fíate del tiempo como límite inferior, y comprueba pinchando con una brocheta en el centro del rollo: si sale con algo de humedad pegajosa de castaña, está bien, porque el relleno nunca queda seco del todo. Y ten paciencia al dejarlo enfriar antes de espolvorear el azúcar glas: si lo haces en caliente, el azúcar se funde y desaparece en vez de quedar como un velo blanco encima.

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