Tarta de pera sin mantequillaFoto IA

Tarta de pera sin mantequilla

Una tarta de pera jugosa y ligera, sin mantequilla, perfecta para disfrutar en cualquier ocasión.

Raciones: 8 Preparación 20 min Cocción 30 min Repostería
VegetarianoContiene: gluten, leche, huevos
Las etiquetas se calculan automáticamente a partir de los ingredientes y pueden no ser exactas. Si te importa, consulta el envase.

Ingredientes

Tarta de pera sin mantequilla — ingredientes: Pera, Azúcar, Leche, Huevos, Harina, Levadura en polvo

Pasos

  1. Pele las peras, córtelas por la mitad y retire el corazón; corte una parte en cubos y el resto en láminas finas.

  2. En un bol, bata los huevos con el azúcar, con batidora o a mano, hasta que la mezcla quede esponjosa y aireada.

  3. Añada la ralladura de limón y luego la harina tamizada, la levadura en polvo y la canela.

  4. Vierta la leche tibia y mezcle hasta obtener una consistencia homogénea.

  5. Añada las peras cortadas en cubos, mezcle con cuidado y vierta la masa en un molde de 24 cm de diámetro.

  6. Alise la superficie de la masa, coloque encima las láminas finas de pera en forma de rayos y espolvoree con azúcar.

  7. Hornee en el horno precalentado a 180 grados.

    30 min
  8. Compruebe el punto de cocción con un palillo de madera; si sale seco, apague el horno y deje enfriar la tarta.

  9. Antes de servir, espolvoree la tarta con azúcar glas al gusto.

Esta es una tarta de pera que se sostiene sin mantequilla ni mucha ceremonia: es más bizcocho que tarta clásica, porque la fruta hace de grasa, de humedad y de perfume al mismo tiempo. Lo que decide si sale bien no es el horno, es el huevo batido con azúcar: si esa mezcla queda realmente esponjosa, con el color pálido y el volumen doblado, la masa sube sola y no necesita más ayuda. Si se bate poco, el bizcocho sale plano y denso, y entonces se le echa la culpa a la levadura cuando el problema fue el minuto anterior.

Hay quien dice que sin mantequilla un bizcocho queda seco. Pues no, porque aquí la humedad la pone la pera en cubos, que se deshace un poco dentro de la masa y suelta jugo mientras se hornea; por eso no hace falta aceite ni mantequilla en la mezcla, solo leche tibia para ligar. La leche tibia no es un capricho: evita que la masa se enfríe de golpe al mezclarla y que el huevo batido pierda aire, que es el mismo mecanismo por el que se atempera cualquier líquido antes de unirlo a una mezcla montada.

El punto de horno se ve con el palillo seco, no con el reloj: cada horno doméstico calienta distinto y el molde también cambia el tiempo real. Los 180 grados y los 30 minutos son el suelo, no la meta; si al pinchar sale masa húmeda, se deja más tiempo y se vigila que la superficie no se oscurezca de más, porque las láminas de pera de arriba se doran antes que el centro se cuaja.

Para 8 personas en un molde de 24 cm, es una tarta de sobremesa, de las que se cortan en porciones finas porque empalaga poco y se queda ligera.

La pera hace doble trabajo: en cubos, dentro de la masa, es la que aporta humedad y evita que el bizcocho quede apelmazado; en láminas finas por encima, es decoración que también se cuece y se carameliza un poco con el azúcar espolvoreado. Conviene elegir peras que tengan algo de firmeza, no las que ya están harinosas, porque si la pera está muy madura se deshace entera dentro de la masa y no deja textura; si solo hay peras muy blandas, mejor reducir un poco los cubos y dejar las láminas de arriba algo más gruesas para que no se desintegren con el calor.

Los huevos y el azúcar son el verdadero motor de la subida, no la levadura. La levadura en polvo ayuda, pero si el batido no metió aire, la levadura sola no hace esponjoso nada; por eso se bate primero huevo con azúcar hasta que blanquee y gane volumen, y solo después se incorpora lo seco, para no romper esas burbujas de golpe. La harina y la levadura se tamizan juntas porque así se reparte mejor el impulsor por toda la masa y se evitan esos grumos de levadura que luego saben amargos en un bocado suelto.

La ralladura de limón y la canela no son adorno, son lo que distingue esta tarta de un bizcocho neutro: el limón corta el dulce y realza el sabor de la pera, la canela acompaña a la fruta de otoño sin tapar nada si se usa la cantidad justa, una cucharadita, no más. Si no hay limón para rallar, sirve una ralladura de naranja, el criterio es el mismo: un cítrico que aporte aroma sin acidez fuerte que corte el huevo.

La leche tibia cumple una función técnica, no de sabor: templa la masa para que el huevo batido no se desinfle al mezclar un líquido frío de golpe. Si solo hay leche fría, se puede usar igual, pero entonces conviene añadirla poco a poco y mezclando con suavidad, no de un solo vertido, para perder menos aire.

Aquí en España, donde el aceite de oliva suele sustituir a la mantequilla en casi todo, esta receta no pide decidir entre uno u otro: no lleva grasa añadida en la masa, y eso es parte de por qué sale ligera. Si alguien quisiera un bizcocho más jugoso podría añadir una cucharada de aceite de oliva suave a la masa junto con la leche, pero entonces hay que contar con que el horneado se alargará un poco y el palillo tardará más en salir seco.

La paciencia aquí se nota en dos momentos: en el batido inicial, que necesita su tiempo para esponjar bien, y en la espera después del horno. Apagar el horno y dejar la tarta enfriar dentro, como marca la receta, evita el cambio brusco de temperatura que hace que un bizcocho se baje por el centro al sacarlo caliente a temperatura ambiente. Esa espera no se nota en la receta escrita, pero se nota en el corte.

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