Foto IABuñuelos de manzana
Manzanas bañadas en una masa suave, fritas hasta dorar y espolvoreadas con azúcar glas: un postre dulce y reconfortante.
Las etiquetas se calculan automáticamente a partir de los ingredientes y pueden no ser exactas. Si te importa, consulta el envase.
Ingredientes

- 2 uds Manzana aproximadamente 350 g
- 1 uds Huevo
- 20 g Azúcar
- 130 g Harina
- 130 g Leche
- 1 cdta Extracto de vainilla
- 1 pizca Sal
- Aceite vegetal para freír
- Azúcar glas para espolvorear
Pasos
En un bol, mezclamos la yema con el azúcar y batimos con la batidora hasta obtener una textura cremosa.
Incorporamos poco a poco la harina tamizada y la leche, alternándolas, hasta conseguir una masa homogénea.
Añadimos el extracto de vainilla y una pizca de sal, y mezclamos.
Batimos la clara a punto de nieve firme y la incorporamos con cuidado a la masa, mezclando suavemente.
Cubrimos la masa y la dejamos reposar en el frigorífico.
30 minLavamos las manzanas, las pelamos y las cortamos en rodajas de aproximadamente 1 cm de grosor. Retiramos el corazón.
Sumergimos cada rodaja de manzana en la masa con la ayuda de unas pinzas de cocina.
Calentamos el aceite para freír hasta una temperatura de aproximadamente 170 grados.
Freímos las rodajas de manzana rebozadas por ambos lados hasta que estén doradas.
Colocamos los buñuelos listos sobre papel de cocina o servilletas de papel.
Espolvoreamos con azúcar glas y servimos templados.
Esto son aros de manzana metidos en una masa aireada y pasados por aceite caliente hasta que se forma una costra fina, crujiente, que protege la fruta de dentro, que queda casi al vapor dentro de su propia funda. El truco entero está en dos cosas que no tienen nada que ver entre sí: el aire que metes en la masa y el calor del aceite. Si fallas en cualquiera de las dos, lo que sacas de la sartén es un bollo empapado y plano, no un buñuelo.
El aire lo da la clara montada. Hay quien dice que montar la clara aparte es un capricho de repostero fino. Pues no: si metes el huevo entero batido con la harina, la masa queda densa, y una masa densa absorbe aceite como una esponja en vez de sellarse por fuera. La clara a punto de nieve, mezclada con cuidado y sin removerla como si fuera una tortilla, deja burbujas que al entrar en el aceite se hinchan de golpe y hacen esa costra ligera. Se nota el punto porque la clara, al levantar las varillas, se queda en pico firme y no se cae; si se desliza, le falta.
La manzana pide una variedad que aguante el calor sin deshacerse en papilla, algo tipo reineta o golden, que tienen carne firme y poca agua libre; una manzana muy jugosa suelta líquido dentro de la masa y la afloja justo donde no conviene. El grosor de la rodaja, el canto de un dedo más o menos, no es capricho: más fina se pasa de cocción antes de que la costra esté lista, más gruesa deja el centro crudo mientras fuera ya se quema.
La harina y la leche entran despacio y alternadas para que no se formen grumos ni se active el gluten de golpe; una masa trabajada en exceso queda elástica y correosa, no ligera. El azúcar en la yema no es solo para endulzar: al batirlo con la yema ayuda a emulsionar y da cuerpo a la crema antes de que entre la harina. La vainilla y la sal son de fondo, para que el dulce no sepa plano; sin vainilla el buñuelo sale igual, solo más sencillo, y la sal, aunque sea una pizca, hace que el azúcar se note más, no menos.
Sobre el aceite: en una casa española lo normal es tener aceite de oliva a mano para todo, pero para una fritura corta y a esta temperatura un aceite de oliva suave o un aceite de girasol funcionan mejor que uno virgen extra muy marcado, que deja su sabor por encima de la manzana y se quema antes si se reutiliza varias veces. No hace falta una freidora de restaurante: una sartén honda con aceite de sobra para que las rodajas floten, en una placa doméstica normal, es suficiente, pero hay que bajar el fuego si ves que el aceite humea, porque eso ya es señal de que se ha pasado de temperatura, no de que esté «a punto».
La fritura, aunque parezca un invento reciente de feria, viene de muy atrás: envolver fruta en una masa fina y pasarla por grasa caliente es uno de los trucos más viejos para conservar algo dulce y de temporada un rato más allá de su momento, y para hacerlo apetecible recién sacado, templado, con ese contraste entre la costra y el jugo de la manzana por dentro.
La paciencia aquí se gasta en dos sitios: en el reposo de la masa en la nevera, que deja que la harina se hidrate bien y la masa se asiente sin perder aire si no la has removido de más, y en freír de pocas en pocas, sin amontonar rodajas en la sartén, porque si bajas la temperatura del aceite metiendo demasiadas de golpe, vuelves al problema de la masa empapada. Si falta azúcar glas, un hilo de miel o canela por encima hace el mismo trabajo de darle un último toque dulce sin tapar el sabor de la manzana.