Tarta sin gluten con mermelada de frambuesaFoto IA

Tarta sin gluten con mermelada de frambuesa

Una tarta sin gluten rellena de mermelada de frambuesa, con base de harina de arroz y fécula de patata.

Raciones: 6 Cocción 30 min Postres
VegetarianoContiene: gluten, leche, huevos
Las etiquetas se calculan automáticamente a partir de los ingredientes y pueden no ser exactas. Si te importa, consulta el envase.

Ingredientes

Tarta sin gluten con mermelada de frambuesa — ingredientes: Harina de arroz, Fécula de patata, Azúcar, Huevos, Mantequilla

Pasos

  1. En un bol grande, mezcla la harina de arroz y la fécula de patata, añade el huevo, el azúcar, la levadura en polvo y la ralladura de limón.

  2. Añade la mantequilla fría cortada en cubos y amasa con las manos en el bol.

  3. Pasa la masa a una superficie espolvoreada con harina de arroz y amasa con energía hasta obtener una bola lisa y homogénea.

  4. Envuelve la masa en film y déjala reposar en el frigorífico al menos 1 hora.

    60 min
  5. Estira la masa con un rodillo hasta un grosor de 4-5 mm.

  6. Coloca la masa en un molde de 22 cm de diámetro, engrasado con mantequilla y espolvoreado con harina de arroz, y presiona los bordes.

  7. Pincha la base con un tenedor y rellena la tarta con la mermelada de frambuesa.

  8. Estira los restos de masa y corta figuras para decorar la parte superior de la tarta.

  9. Hornea la tarta en el horno precalentado a 180 grados durante unos 30 minutos.

    30 min
  10. Deja enfriar la tarta por completo antes de servir.

Es una tarta de pasta quebrada sin gluten, relleno de mermelada y una celosía de masa encima, el pariente llano de la linzer austrohúngara. La que lleva avellana molida y especias es la linzer de libro; esta versión se simplifica con harina de arroz y fécula de patata, así que no esperes esa miga arenosa de almendra, sino algo más neutro y crujiente. Que salga bien depende de una sola cosa: que la mantequilla llegue fría al amasado y la masa salga de la nevera fría también para estirarse. Sin gluten que dé estructura, aquí el frío es el que sujeta la masa; si se calienta se vuelve pegajosa y quebradiza a la vez, lo peor de los dos mundos.

Hay quien piensa que una masa sin gluten se amasa igual de rato que una normal, cuanto más mejor. Pues no: aquí no hay red de gluten que desarrollar, así que amasar de más no mejora nada, solo calienta la mantequilla con las manos y la masa empieza a sudar grasa. Amasa lo justo para que ligue, nota cuando pasa de grumos sueltos a bola lisa, y para.

El reposo en frío no es capricho, es el tiempo que necesita la fécula de patata para hidratarse y la mantequilla para volver a endurecerse después del manoseo. Sin ese paso la masa estirada se rompe al levantarla y se pega al rodillo sin remedio.

La harina de arroz y la fécula de patata hacen aquí el trabajo que en una masa normal haría el gluten de trigo: dar cuerpo sin dar elasticidad. Por eso esta masa no se estira fina como un hojaldre, se rompe antes; estírala gruesa, de cuatro a cinco milímetros, y no te empeñes en dejarla fina porque sin gluten no aguanta. Si no tienes fécula de patata, la de maíz hace un trabajo parecido, aunque el resultado queda algo más seco.

La mantequilla fría cortada en dados, no en pomada, es la que crea esa textura entre galleta y pasta quebrada: al hornearse se funde de golpe y deja huecos diminutos que dan friabilidad. Si la mantequilla llega blanda, la masa se compacta demasiado y el resultado es más denso, más pan, menos tarta. En una cocina española con aceite de oliva siempre a mano, la tentación de sustituir es lógica, pero aquí no funciona igual: el aceite es líquido a temperatura ambiente y no deja esos huecos al fundirse, así que la mantequilla fría no tiene buen sustituto en este caso.

El huevo entero liga la masa y le da algo de elasticidad que el gluten no puede dar; la levadura en polvo airea un poco el conjunto para que no quede compacto como una galleta maciza. La ralladura de limón no es decoración, corta el dulzor empalagoso de la mermelada, que aquí es la protagonista con 450 gramos frente a 200 de harina: es más tarta de mermelada que tarta con mermelada.

Sobre la mermelada: cuanta más pectina y menos agua tenga, mejor se porta en el horno sin hervir y desbordar por los bordes. Si la tuya es muy líquida, puedes reducir un poco en un cazo antes de usarla, pero eso ya es mano de quien la hace, no parte obligada de la receta.

La celosía de tiras o figuras encima no es solo estética: deja escapar el vapor de la mermelada y evita que la masa de abajo se quede cruda y gomosa por exceso de humedad atrapada. En un horno doméstico, que rara vez calienta exactamente lo que marca el dial, fíate más del color que del reloj: cuando los bordes y las figuras de arriba están dorados, está lista; si a los treinta minutos sigue pálida, dale más tiempo sin miedo.

Y deja que se enfríe del todo antes de cortarla, aunque cueste. La mermelada caliente es líquida, y una tarta cortada en caliente se desmorona y mancha el plato; fría, la mermelada vuelve a cuajar y la tarta se sostiene sola. La paciencia aquí no es un adorno de la receta, es el ingrediente que evita que todo el trabajo anterior se vaya al traste en el último minuto.

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