Galletas de judías negras y chocolateFoto IA

Galletas de judías negras y chocolate

Galletas sorprendentes hechas con judías negras, avena, dátiles y chocolate negro.

Raciones: 9 Preparación 6 min Cocción 14 min Postres
VegetarianoContiene: leche, huevos
Las etiquetas se calculan automáticamente a partir de los ingredientes y pueden no ser exactas. Si te importa, consulta el envase.

Ingredientes

Galletas de judías negras y chocolate — ingredientes: Judías negras, Copos de avena, Azúcar, Canela, Sal, Dátiles

Pasos

  1. Pon las judías en el robot de cocina y tritúralas.

  2. En un bol, mezcla bien las judías trituradas, los copos de avena, el azúcar, la canela, la sal, los dátiles y el chocolate.

  3. Aplasta la mantequilla y añádela a la mezcla, mezcla bien y al final incorpora el huevo para unir la masa.

  4. Forma bolitas con la masa y colócalas en una bandeja forrada con papel de horno. Aplánalas ligeramente con la palma de la mano.

  5. Hornea en el horno precalentado a 175 grados con convección durante unos 13-15 minutos.

    14 min
  6. Deja enfriar un poco en la bandeja antes de pasarlas a una rejilla.

    5 min

Esta galleta es un truco de bar de zumos que cuela en el horno: judía negra escurrida hecha puré hace de huevo-y-harina a la vez, aportando almidón y humedad sin que sepa a legumbre, porque la canela, el dátil y el chocolate tapan cualquier rastro vegetal. Si alguna vez has comido hummus dulce sin saberlo, era por esto.

De que salga bien depende sobre todo una cosa: que la judía quede en puré fino, sin tropezones, porque un grumo de piel de judía es lo único que delata el truco y te saca del personaje de "galleta normal". El robot de cocina no es un capricho aquí, es el ingrediente que hace de bisagra entre legumbre y masa de galleta.

La otra cosa que decide el resultado es la grasa: la mantequilla aplastada, no fundida, se integra como crema y deja la miga tierna; si la fundes, la masa se vuelve líquida y la galleta se extiende como una crepe fina en el horno. Con el huevo pasa lo contrario de lo que se piensa: no es para que suba, es para que la masa, sin gluten de harina, no se deshaga al partirla.

Para nueve galletas de tamaño generoso, de postre después de la comida de mediodía o de merienda con café, sin que sobre ni falte.

La judía negra de bote es la base entera de la receta, y aquí no hay sustituto que valga lo mismo: cualquier legumbre de textura similar (garbanzo, alubia blanca) funciona en el mismo papel de almidón-pegamento, pero cambia el color y, un poco, el sabor de fondo. Lávala bien bajo el grifo antes de triturarla: el líquido de conserva es espeso y amargo, y si se queda ahí se nota.

Los copos de avena de molienda gruesa dan la textura que hace que esto se parezca a una galleta y no a un flan de judías: absorben humedad del puré y aportan el mordisco. Si solo tienes copos finos, sirven, pero la galleta queda más compacta, menos "con mordisco"; no uses harina de avena, porque no absorbe igual y la masa se queda pastosa.

El azúcar aquí no es solo dulzor: ayuda a que el exterior se dore un poco en el horno, porque sin harina ni mantequilla fundida la galleta no tiene mucho con qué tostarse. La canela y la sal en escamas cumplen la misma función, taparrabo del sabor a legumbre; no hace falta canela exactamente, cualquier especia cálida (jengibre, un poco de anís molido) vale, pero no la quites del todo.

Los dátiles picados hacen dos cosas: dulzor que no viene del azúcar blanco y, sobre todo, textura masticable, pequeños bolsillos pegajosos entre la miga. Si no tienes dátiles, un higo seco o una pasa grande picada cumplen el mismo papel, cambia el sabor pero no el mecanismo. El chocolate negro picado se funde un poco con el calor del horno y deja charquitos oscuros; usa uno con poco azúcar porque la masa ya es dulce de por sí.

La mantequilla a temperatura ambiente, aplastada con tenedor, no derretida: esto evitaría el defecto más común, que es una masa que se expande en el horno porque la grasa estaba líquida. Aquí no hay costumbre de aceite de oliva que valga del todo: el aceite no tiene la estructura sólida de la mantequilla a temperatura ambiente, y esa estructura es la que mantiene la bolita de masa en su sitio antes de entrar al horno; si solo tienes aceite, usa poco y entiende que la galleta se extenderá algo más.

El horno con convección a 175 grados reparte el calor por todos lados y seca la superficie a la vez que cuece el centro; si tu horno no tiene convección, sin problema, sube un poco el tiempo y fíate del aspecto: la galleta está lista cuando los bordes se ven secos y mate y el centro ya no brilla húmedo, no antes. El tiempo que da la receta es el mínimo, no la meta; si tu horno calienta flojo por abajo, como pasan muchos domésticos, dale esos minutos de más sin miedo.

Dejarlas enfriar un poco en la bandeja no es capricho: recién salidas están blandas por dentro, sin esa estructura que da el almidón de judía al enfriarse, y se rompen si las mueves antes de tiempo. La paciencia de esos cinco minutos de reposo es, literalmente, el ingrediente que las mantiene enteras.

·

Denunciar esta receta hello@fridge.menu