Foto IAPlumcake de cerezas
Un bizcocho tipo plumcake relleno de cerezas frescas, con una miga tierna de mantequilla y vainilla.
Las etiquetas se calculan automáticamente a partir de los ingredientes y pueden no ser exactas. Si te importa, consulta el envase.
Ingredientes
- 350 g Cereza
- 200 g Harina
- 180 g Mantequilla
- 50 g Fécula de patata
- 1 uds Levadura en polvo
- 1 cdta Extracto de vainilla
- 3 uds Huevos
- 180 g Azúcar
- Sal al gusto
- Azúcar glas al gusto
Pasos
Batimos la mantequilla ablandada con el azúcar con unas varillas.
Añadimos los huevos de uno en uno, la sal y el extracto de vainilla, y mezclamos hasta obtener una crema homogénea.
En un bol aparte mezclamos la harina, la levadura y la fécula, e incorporamos poco a poco a la crema.
Lavamos las cerezas y les quitamos el hueso, haciendo un corte lateral con cuidado.
Ponemos las cerezas en una bolsa, añadimos un poco de harina y agitamos hasta que las frutas queden cubiertas.
Untamos el molde con mantequilla y lo forramos con papel de horno.
Vertemos la mitad de la masa, alisamos y colocamos la mitad de las cerezas, hundiéndolas ligeramente.
Añadimos el resto de la masa y colocamos el resto de las cerezas por encima.
Horneamos en el horno precalentado con aire a 160 grados durante 1 hora.
60 minComprobamos el punto de cocción con un palillo de madera; si hace falta, horneamos 5-10 minutos más.
Sacamos del horno y dejamos enfriar a temperatura ambiente antes de desmoldar.
Desmoldamos el plumcake con cuidado para que no se rompa.
Antes de servir, espolvoreamos azúcar glas con un colador.
Qué se cambió
Se sustituyó Extracto de vainilla por ser más fácil de encontrar en España.
Un plumcake es, básicamente, una emulsión de mantequilla, azúcar y huevo que luego se apoya en harina y levadura para subir. Si esa emulsión se corta, el cake sale denso y apelmazado, por mucho que la levadura sea buena. Por eso todo empieza con la mantequilla a temperatura ambiente —no derretida, no fría de nevera— y con los huevos añadidos de uno en uno: cada huevo se tiene que integrar antes de echar el siguiente, porque si entran todos de golpe el agua del huevo separa la grasa y se nota, la masa queda con grumos brillantes en vez de cremosa.
Que salga bien depende de dos cosas: que esa mezcla de mantequilla, azúcar y huevo quede esponjosa y lisa, y que las cerezas no se hundan todas al fondo del molde. Lo segundo se resuelve con un truco sencillo y nada misterioso: pasarlas por harina antes de meterlas en la masa. Esa capa seca agarra a la masa de alrededor y frena la caída de la fruta, que es pesada y húmeda y si no se le pone freno, se va directa a la base.
Hay quien dice que la fécula de patata está de más, que con harina sola ya cuaja. Pues no del todo: la fécula no tiene gluten, así que corta un poco la red que forma la harina y deja la miga más tierna, menos "pan dulce". No es obligatoria, pero cambia la textura, y aquí se nota porque la proporción de fécula sobre harina es alta para lo que suele verse.
El resultado es un bizcocho alto, denso pero jugoso, con cerezas repartidas en dos capas, no todas amontonadas arriba. Para seis personas, en un molde de plumcake normal de los de casa, sin pretensiones de repostería profesional.
La mantequilla es la que da estructura y sabor de fondo; tiene que estar blanda de verdad, de las que se hunden con el dedo sin resistencia, porque si está fría no monta aire y si está derretida no monta nada, se vuelve líquida y la masa pierde cuerpo. En una cocina española, donde el aceite de oliva manda en casi todo, conviene decirlo claro: aquí no sustituye bien a la mantequilla. El aceite no retiene aire al batirlo como lo hace la grasa sólida, y en un bizcocho que depende de ese aire para subir, el cambio se nota en una miga más plana y aceitosa. Si no hay mantequilla, mejor margarina en barra con la misma textura blanda, no aceite líquido.
El azúcar no es solo dulzor: al batirse con la mantequilla crea burbujas diminutas que luego, con el calor del horno, se expanden y ayudan a subir el bizcocho tanto como la propia levadura. Por eso el primer paso —batir mantequilla y azúcar hasta que aclare de color y gane volumen— no es un trámite, es donde se decide buena parte de la esponjosidad final.
La harina y la fécula de patata trabajan juntas pero con papeles distintos: la harina aporta el gluten que sostiene la miga, la fécula la afina. Si no hay fécula de patata, puede usarse maicena en la misma cantidad; el efecto es parecido, aligerar sin aportar sabor propio. La levadura en polvo es la que realmente hace subir el bizcocho en el horno; conviene que sea reciente, porque pierde fuerza con el tiempo guardada y entonces el cake sale bajo aunque todo lo demás se haya hecho bien.
Las cerezas tienen que estar firmes al tacto, no blandas ni con la piel arrugada, porque las que ya están pasadas sueltan demasiado líquido dentro de la masa y la dejan cruda por el centro aunque el palillo salga limpio en los bordes. El hueso se quita con un corte lateral, sin destrozar la fruta, para que conserve algo de forma dentro del cake; si no es temporada de cereza fresca, unas cerezas en conserva bien escurridas y secadas con un paño sirven, aunque el resultado pesa menos a cereza y más a almíbar.
Sobre el horno: con aire a 160 grados durante una hora es orientativo, el límite inferior. El verdadero punto se comprueba con un palillo de madera clavado en el centro: si sale limpio, está hecho; si sale con masa pegada, se deja cinco o diez minutos más y se vuelve a probar. Cada horno doméstico calienta distinto, así que fiarse solo del reloj es el error más común en este tipo de bizcochos altos, que necesitan más tiempo en el centro que uno fino. Y dejar enfriar antes de desmoldar no es capricho: un plumcake caliente está todavía frágil por dentro y se rompe al sacarlo; frío, se asienta y aguanta el desmoldado sin desmigarse.
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