Foto IAMousse de tres chocolates
Mousse en capas de chocolate negro, gianduja y blanco, cremosa y elegante.
Las etiquetas se calculan automáticamente a partir de los ingredientes y pueden no ser exactas. Si te importa, consulta el envase.
Ingredientes
- 100 g Chocolate negro
- 100 g Chocolate gianduja
- 100 g Chocolate blanco
- 500 g Leche
- 230 g Azúcar
- 15-20 g Gelatina neutra
- 8 uds Yema de huevo
- 500 g Nata
- 1/2 uds Vaina de vainilla
Pasos
Calienta la leche en una cazuela.
Bate las yemas de huevo con 200 g de azúcar hasta obtener una mezcla homogénea.
Vierte la mezcla batida en la leche caliente y cuece sin dejar de remover hasta obtener una crema homogénea.
Escurre la gelatina previamente ablandada en agua fría, añádela a la crema y mezcla bien.
Reparte los tres tipos de chocolate en boles separados y distribuye la crema caliente entre ellos.
Mezcla cada preparación hasta que quede homogénea.
Deja enfriar hasta que la crema espese.
Monta la nata con 30 g de azúcar y divídela en tres partes.
Une con cuidado la nata montada con cada crema de chocolate.
Coloca la primera capa de mousse de chocolate negro en el recipiente.
Refrigera durante 5 minutos.
5 minAñade una capa de mousse de chocolate gianduja.
Deja cuajar en el refrigerador.
Termina con una capa de mousse de chocolate blanco.
Guarda en el refrigerador hasta el momento de servir.
Esto es una crema inglesa que se divide en tres y cada tercio se encuentra con un chocolate distinto. Por eso no hay tres recetas superpuestas, hay una sola base que se bifurca al final, y eso es lo que permite que las tres capas tengan la misma textura cremosa aunque el sabor cambie de intensa a suave a dulce.
De que salga bien dependen dos cosas: que la crema no cuaje de golpe por exceso de calor, y que cada capa esté lo bastante firme antes de verter la siguiente, para que no se mezclen por los bordes. Nada más. El resto es paciencia repartida en tres tandas.
Hay quien dice que el mousse de tres chocolates es un postre complicado, de muchos pasos. Pues no: es el mismo paso, tres veces, con un chocolate distinto cada vez. Lo que parece complejidad es solo repetición.
La leche se calienta hasta que humea y hace una película fina si la tocas con la cuchara, no hasta que hierva: si rompe a hervir, cuando le añadas el huevo batido se cuajará en grumos en vez de espesar suave. En una placa doméstica esto va más rápido de lo que crees, así que no la pierdas de vista ni un minuto mientras haces otra cosa.
Las yemas con el azúcar se baten hasta que blanquean y espesan ligeramente; ahí es cuando el azúcar ha empezado a disolver la yema por dentro, no solo a mezclarse por fuera, y eso es lo que evita que luego se cuaje en la cazuela. Al verter esta mezcla en la leche caliente, hazlo poco a poco y sin dejar de remover: estás atemperando el huevo, subiéndole la temperatura con calma para que no se convierta en tortilla líquida. La señal de que la crema está lista es que espesa lo justo para dejar un rastro visible al pasar la cuchara por el fondo; si la dejas pasar de ahí, en una placa doméstica que calienta de forma desigual, se te cuaja en el borde antes de que lo notes en el centro.
La gelatina neutra, ya ablandada en agua fría y bien escurrida, se disuelve en esa crema todavía caliente; si la pones fría, se hace grumos que ya no desaparecen. Si no tienes gelatina en hojas, vale la gelatina en polvo, hidratada igual en agua fría cinco veces su peso y escurrida lo que se pueda.
Sobre los tres chocolates: el negro aporta amargor y cuerpo, el gianduja (chocolate con avellana, típico del norte de Italia) suavidad y un punto a fruto seco, el blanco es prácticamente mantequilla de cacao con azúcar, de ahí que sea el más dulce y el que menos estructura da por sí solo, por eso va siempre arriba, apoyado en las otras dos capas. Si no encuentras gianduja, un chocolate con leche de buena proporción de cacao cumple parecido, aunque sin el matiz de avellana. Lo que importa al elegir cualquiera de los tres no es la marca sino que se funda limpio, sin that aspecto graso y separado que da un chocolate de mala calidad.
La nata se monta hasta que forma picos que se sostienen pero sin llegar a mantequilla, y se mezcla con la crema de chocolate ya templada —no caliente, porque si no la nata se baja— con movimientos envolventes, de abajo arriba, para no sacarle el aire que le has metido al montarla. Esa aireación es la que hace mousse y no simplemente "pudin de chocolate", así que si la mezclas con prisa y fuerza, pierdes el motivo por el que esto se llama mousse.
Entre capa y capa, el frío no es un capricho: cada mousse necesita cuajar lo suficiente para sostener el peso de la siguiente sin hundirse ni mezclarse por los lados. En una nevera doméstica eso es más una cuestión de tacto —la superficie debe resistir ligeramente al dedo, no estar líquida— que de minutos exactos; los tiempos que se dan son el mínimo, no la ley.
Para seis personas estas cantidades rinden bien en vasos individuales o en un molde desmontable; si lo haces en vasos, cada capa se ve, que es la mitad de la gracia del postre. Y aquí no hay aceite de oliva que pueda entrar, esto es repostería de leche y huevo, terreno de la nata y la mantequilla del chocolate, no del aceite de la cocina de mediodía.
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