Pastel salado de requesón y espinacas en airfryerFoto IA

Pastel salado de requesón y espinacas en airfryer

Un pastel salado de hojaldre relleno de requesón y espinacas, horneado en airfryer.

Raciones: 4 Preparación 15 min Cocción 40 min Repostería
VegetarianoContiene: gluten, leche, frutos secos, huevos
Las etiquetas se calculan automáticamente a partir de los ingredientes y pueden no ser exactas. Si te importa, consulta el envase.

Ingredientes

Pastel salado de requesón y espinacas en airfryer — ingredientes: Masa de hojaldre, Espinacas, Requesón, Huevo, Parmesano

Pasos

  1. Calentar un poco de aceite de oliva virgen extra y sofreír la chalota picada hasta que esté dorada.

  2. Añadir las espinacas (frescas o congeladas) y cocinar hasta que suelten su jugo.

    12 min
  3. Escurrir el exceso de líquido de las espinacas y luego triturarlas con batidora o picarlas finamente con cuchillo.

  4. En un bol, mezclar el requesón con el huevo, añadir sal, pimienta negra y nuez moscada.

  5. Añadir el parmesano y mezclar bien.

  6. Incorporar las espinacas preparadas a la mezcla de requesón.

  7. Extender la masa junto con el papel de horno en un molde de 20 cm de diámetro.

  8. Pinchar la base con un tenedor y colocar el relleno de requesón y espinacas.

  9. Doblar los bordes de la masa formando un borde, y si se desea, pintar con la yema de huevo batida.

  10. Hornear el pastel en el airfryer a 180 grados.

    30 min

Esto es una especie de torta pascualina rápida, hecha con hojaldre comprado y airfryer en vez de horno de leña. El relleno es el de siempre en media Europa del Este y también en Italia: requesón, huevo y verdura escurrida. Y la palabra clave es esa, escurrida. Si el relleno sale aguado, la masa de abajo se empapa y no sube; se queda gomosa, como un papel mojado. Todo el mecanismo de este pastel consiste en quitarle agua a la espinaca antes de que se la quite al hojaldre.

La espinaca suelta su jugo con el calor, eso no lo evitas, lo adelantas: la rehogas aparte, con la chalota ya dorada (dorada, no transparente, que ahí empieza a saber a algo), hasta que el agua sale al fondo de la sartén y la espinaca pierde ese verde chillón y brillante que tiene cruda. Escurres con la mano o con un colador apretando bien, y ya tienes media batalla ganada. La otra media es el requesón: cuanto más seco, mejor amigo del hojaldre. Si el tuyo suelta mucho suero, un rato en el colador antes de mezclar no sobra.

El punto de horneado no se mide en minutos sueltos, se mira: el hojaldre tiene que estar dorado por arriba y, sobre todo, por abajo, porque en airfryer el aire circula por todos lados y eso engaña. Si al levantar un borde con una espátula ves la base pálida, aguanta un poco más aunque arriba ya tenga buen color. La masa cruda por debajo es el defecto más común y viene siempre de lo mismo: relleno mal escurrido o sacarlo antes de tiempo por miedo a que se queme por arriba.

La masa de hojaldre comprada es la gran trampa y la gran ayuda de esta receta. Trampa porque mucha gente cree que cuanto más fría esté al entrar al horno, mejor sube; eso es verdad en el horno grande, pero en el airfryer el espacio es pequeño y el calor llega fuerte y cerca, así que no hace falta congelarla ni manipularla de más: sácala de la nevera el tiempo justo para que se deje extender sin romperse, ni un minuto más, porque el hojaldre se trabaja con las manos frías y la masa fría, y en una cocina de piso en verano eso cuesta.

El requesón es la base cremosa; si no tienes, un queso fresco tipo Burgos bien escurrido o incluso ricotta hacen el mismo trabajo, porque lo que pides de ese ingrediente es cuerpo y poca agua, no un sabor concreto. El huevo entero liga esa crema y hace que cuaje al hornear, en vez de quedarse como una pasta blanda; sin huevo, el relleno se desmorona al cortarlo. El parmesano aporta la sal fuerte y ese punto algo picante que el requesón, muy suave, no tiene por sí solo; el grana padano hace lo mismo con menos intensidad, y cualquier queso curado y seco de rallar que tengas en la nevera sirve de sustituto, mientras no sea de esos quesos tiernos que no rallan bien.

La espinaca puede ser fresca o congelada, y aquí la congelada incluso tiene ventaja: ya viene con el agua medio liberada por el frío, así que escurre más rápido. Si usas fresca, cuenta con que al principio llena la sartén como una montaña y en un par de minutos se reduce a un puñado, eso es normal, el agua que tenía dentro se va, no desaparece el volumen por magia. La chalota se puede cambiar por cebolla normal picada fina sin que cambie el mecanismo de la receta, solo el sabor se vuelve algo menos dulce.

La nuez moscada es un ingrediente de los que se dan por descontados en este tipo de relleno con requesón, pero no es decorativa: corta el punto un poco plano que deja el queso fresco cocido. Con una pizca pequeña vale, porque pasado ese punto amarga.

Sobre el aceite: aquí basta un chorro para sofreír, nada de freír la chalota en demasiado aceite, porque luego ese aceite se queda flotando en el relleno y empapa la masa desde dentro, el mismo problema de siempre con otra causa. La yema para pintar es solo estética, da ese brillo dorado típico de hojaldrería; si no te importa el aspecto, te la ahorras sin que cambie nada del resultado.

Y la paciencia aquí se gasta sobre todo en el escurrido, que no se puede acelerar: apretar con prisa deja agua dentro, y esa agua, tarde o temprano, la paga la base del pastel.

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