Tartaletas de manzanaFoto IA

Tartaletas de manzana

Pequeñas tartaletas con base de masa enriquecida, relleno de crema pastelera de limón y finas láminas de manzana en forma de rosa.

Raciones: 10 Preparación 40 min Cocción 20 min Postres
VegetarianoContiene: gluten, leche, huevos
Las etiquetas se calculan automáticamente a partir de los ingredientes y pueden no ser exactas. Si te importa, consulta el envase.

Ingredientes

Tartaletas de manzana — ingredientes: Huevos, Azúcar, Aceite de girasol, Harina, Levadura, Huevos

Pasos

  1. Mezclamos el huevo con el azúcar y la harina tamizada hasta obtener una masa homogénea, y vamos añadiendo la leche caliente poco a poco sin dejar de remover.

  2. Añadimos la ralladura de limón y cocemos la crema a fuego suave, removiendo sin parar, hasta que espese.

  3. Pasamos la crema a un bol, cubrimos con film a ras de la superficie y dejamos enfriar.

  4. Batimos los huevos con el azúcar hasta que blanqueen, añadimos el aceite de girasol, la levadura y la harina tamizada.

  5. Volcamos la masa sobre una superficie enharinada y amasamos rápido con las manos hasta que quede suave, firme y elástica.

  6. Estiramos la masa con el rodillo en una lámina de 1 cm de grosor y cortamos círculos de 8 cm de diámetro.

  7. Engrasamos los moldes de magdalenas con aceite y enharinamos, colocamos los círculos de masa formando la base y rellenamos con la crema fría.

  8. Cortamos las manzanas por la mitad, quitamos el corazón y las cortamos en láminas finas con un pelador, enrollándolas en forma de rosa.

  9. Horneamos las tartaletas en el horno precalentado a 180 grados.

    20 min
  10. Dejamos enfriar las tartaletas y espolvoreamos con azúcar glas antes de servir.

Una tartaleta de manzana que en realidad es dos recetas trabajando juntas: una masa de bizcocho-pasta que hace de molde y base, y una crema pastelera que se cuece antes para que no quede líquida dentro del horno. El truco de este dulce no está en ningún paso raro, está en el orden: la crema se enfría del todo antes de entrar en la masa, y la masa se hornea con la fruta encima sin que nadie la tape ni la ahogue.

Que salga bien depende de tres cosas. Que la crema espese de verdad en el fuego, no en la nevera después. Que la masa, al amasarla, pase de pegajosa a lisa y se despegue de las manos sin pegarse a la mesa. Y que las láminas de manzana estén lo bastante finas para doblarse en espiral sin partirse, porque una manzana gruesa no hace rosa, hace un amasijo que se arruga al hornear.

Hay quien espesa la crema y la vierte caliente sobre la masa cruda, pensando en ahorrar un paso. Pues no: la masa cruda con relleno caliente se humedece y no sube igual en el horno, y además la crema tibia no corta bien al rellenar, se escurre por los bordes. Dejarla enfriar tapada a ras con film no es manía: es evitar que se forme esa costra seca encima que luego sabe a nada.

Para 10 raciones, con molde de magdalenas normal. Nada de fuego vivo en esta receta: todo lo que pide calor fuerte es el horno, y ahí sí hay una cifra real, 180 grados, 20 minutos de mínimo, y se nota lista cuando la masa ha subido y dorado por los bordes y la manzana se ha ablandado sin soltar demasiado jugo.

La crema pastelera es leche, huevo, azúcar y harina, y cada uno hace un trabajo. El huevo y la harina juntos son los que espesan: el huevo aporta cuerpo, la harina evita que esa proteína del huevo cuaje en grumos al calentarse, porque la almidón se interpone entre las moléculas. Por eso se cuece a fuego suave y sin dejar de remover: si se sube el fuego, el huevo cuaja antes de que la harina haga su trabajo, y queda una crema con tropezones en vez de lisa. La señal de que está lista no es un reloj, es la cuchara: cuando la crema deja un rastro que tarda en cerrarse al removerla, ya espesó.

La ralladura de limón no es decoración de sabor nada más, corta el dulzor plano de la leche y el azúcar, y es de las pocas cosas de esta receta donde no hay sustituto limpio: la naranja cambia el carácter del postre, pero funciona con la misma lógica si no hay limón a mano.

La masa de la base lleva huevo, azúcar, aceite, harina y un poco de levadura. Aquí sí hay una elección que conviene pensar en una cocina española: la receta pide aceite de girasol, y no es capricho, es que el aceite de oliva tiene sabor propio y aquí competiría con la manzana y el limón. Si solo hay oliva en casa, que sea uno suave, y en poca cantidad se nota menos. El huevo batido con el azúcar hasta que blanquea es lo que airea la masa antes de que entre la harina, así que ese batido no se puede acortar sin que la tartaleta salga más densa y menos esponjosa.

Al amasar, el punto se nota con las manos, no con el cronómetro: pasa de pegarse a los dedos a quedar lisa y con algo de tensión, que se puede notar si se estira un poco y vuelve a su forma. Amasarla de más tampoco ayuda, porque desarrolla gluten de sobra y la base sale más dura, más pan y menos bizcocho.

Las manzanas: se cortan en láminas finas con el pelador porque es lo que permite enrollarlas sin que se rompan, la fibra de la manzana se dobla cuando es fina y se parte cuando es gruesa. No hace falta una variedad concreta, pero conviene una manzana que se sostenga al hornear y no se deshaga en papilla; las que se usan para tarta normalmente aguantan el horno sin problema, las muy jugosas y blandas sueltan demasiada agua y empapan la base.

Y el azúcar glas al final, cuando ya está fría, porque sobre una superficie caliente se derrite y desaparece en vez de quedar como ese polvo blanco que se ve. La paciencia en esta receta está sobre todo en dos esperas: la crema tiene que enfriarse del todo tapada, y las tartaletas también antes de espolvorear. Ninguna de las dos se puede acelerar sin pagarlo en el resultado.

Denunciar esta receta hello@fridge.menu