Pollo al horno con leche de coco y curryFoto IA

Pollo al horno con leche de coco y curry

Pollo al horno con una cremosa salsa de leche de coco y curry, servido con arroz basmati.

Raciones: 4 Preparación 8 min Cocción 22 min Carne
Contiene: gluten, leche, frutos secos
Las etiquetas se calculan automáticamente a partir de los ingredientes y pueden no ser exactas. Si te importa, consulta el envase.

Ingredientes

Pasos

  1. Corta la pechuga de pollo en tiras y rebózala en harina, sal y pimienta.

  2. Sofríe rápidamente la carne en una sartén caliente con aceite.

    4 min
  3. Retira la carne de la sartén y en la misma sartén sofríe la cebolla, el ajo y el puerro (añade un poco más de aceite si es necesario) hasta que estén tiernos.

    5 min
  4. Añade el curry, el cilantro molido y el comino, y mezcla bien.

    1 min
  5. Añade la leche de coco, la nata para cocinar, el caldo de verduras y la espinaca. Lleva a ebullición.

    5 min
  6. Sazona con el almíbar de la piña, sal y pimienta al gusto.

  7. Coloca en una fuente refractaria engrasada junto con el pollo, el brócoli y la piña.

  8. Hornea en el horno precalentado con convección a 190 grados durante unos 20-25 minutos.

    22 min
  9. Mientras tanto, cuece el arroz basmati según las instrucciones del paquete.

    17 min
  10. Sirve con el arroz, los cacahuetes y espolvorea con perejil.

Qué se cambió

Se sustituyó la nata para montar por Nata para cocinar, más habitual para cocinar en España.

Esto es un curry de pollo con coco acabado al horno, que no es lo más común (el curry suele hacerse entero en sartén), pero tiene su lógica: se deja que la salsa haga de baño y el calor del horno, envolvente y uniforme, cueza el brócoli y temple la piña sin que nadie tenga que estar removiendo. El resultado se parece a esos guisos de cuchara que se dejan "haciéndose solos" mientras pones la mesa.

Que salga bien depende de tres cosas: que el pollo no se pase de sartén y quede correoso, que el sofrito de cebolla, ajo y puerro suelte su dulzor antes de que entren las especias, y que el horno no seque la salsa de coco, que es grasa pero no espesa como una bechamel y se puede cuartear si se pasa de fuerte.

Hay quien piensa que un curry necesita cocer horas para "coger sabor". Pues no: las especias en polvo ya vienen tostadas de fábrica, lo que necesitan es un minuto de calor seco en la sartén para despertar su aceite esencial, no una cocción larga. Pasado ese minuto, lo que sigue es fundir, no concentrar.

El punto de horno se nota por el brócoli: pasa de un verde duro y mate a un verde intenso, y el tallo, si lo pinchas, cede sin deshacerse. La salsa, mientras tanto, debe burbujear despacio en los bordes de la fuente, no hervir a borbotones en el centro: eso es señal de que el horno está más fuerte de lo que la receta pide.

Vamos con los ingredientes, que aquí cada uno tiene un trabajo concreto, no decoración.

La pechuga enharinada no es para "empanar": la harina, al tostarse en la sartén caliente, sella la carne y luego, cuando entra en la salsa, suelta un poco de almidón que la espesa sin necesidad de maicena ni de reducir de más. Si usas muslo deshuesado en vez de pechuga, mejor: aguanta mejor el paso por horno sin secarse, que es el defecto más típico de este plato, la pechuga que llega dura a la mesa porque se frió de más "para que no quedara cruda". No hace falta: en la sartén solo se busca dorar por fuera, el centro lo termina el horno.

La cebolla, el ajo y el puerro son la base dulce que sostiene el curry; sofríelos con calma, a fuego que haga chisporrotear pero no quemar, hasta que la cebolla pierda el blanco y el puerro se vuelva translúcido. Aquí, en España, con sartén y vitro o gas doméstico, ese punto se consigue bajando el fuego en cuanto el aceite empieza a humear un poco: nada de fuego alto sostenido, que es lo que te deja el ajo amargo. Y sí, usa tu aceite de oliva de siempre para esto, no hace falta sustituirlo por nada: el curry no pide un aceite neutro, pide uno que aguante calor y dé un poco de carácter.

El curry en polvo, el cilantro y el comino son la mezcla de base, y aquí hay margen: si no tienes curry en polvo comercial, una combinación de cúrcuma, un poco de guindilla suave y el cilantro y el comino que ya llevas hace el mismo papel, porque lo que busca el plato es ese perfil cálido y terroso, no una marca concreta. Lo que no conviene sustituir es el paso de calentarlas un minuto en la grasa antes de mojar: en frío, directamente en la leche de coco, quedan planas.

La leche de coco y la nata hacen de cuerpo graso de la salsa; si usas una leche de coco muy líquida (las hay de distinta densidad según la lata), compensa con algo menos de caldo, porque si no la salsa queda aguada y no cubre bien el pollo en el horno. La piña, con su almíbar, es la que rompe el peso de la grasa con algo ácido-dulce: no es un capricho tropical porque sí, es la misma lógica que un curry llevaría con tamarindo o mango si estuviera en otra cocina, aporta el contraste que evita que el plato empalague.

El arroz basmati se cuece aparte y por su cuenta, y ahí la señal de punto no es el reloj del paquete sino el grano: cuando lo aprietas entre dos dedos y cede entero, sin centro duro, está. Los cacahuetes y el perejil al final no son un capricho de presentación: dan la textura crujiente y el verde fresco que la salsa, por sí sola, no tiene, y sin ellos el plato se queda un poco monótono en boca. Para cuatro personas con hambre normal de comida de mediodía, estas cantidades están ajustadas, pero si el plato va de principal único, sin nada más, mejor pensar en el arroz un poco generoso, que es lo que suele faltar en una fuente de curry.

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